lunes, 25 de mayo de 2015

Brujas, Bélgica, con corazón de chocolate.




Edificios en Brujas con vistas a los canales.


El olvido la salvó del olvido. Tuvo días de esplendor, primero como puerto hanseático, centro comercial (allí surgió la primera Bolsa) y hogar de los duques de Borgoña. La corte atrajo a mercaderes y artistas, y los primitivos flamencos hicieron del siglo XV la edad de oro de Brujas. Pero se fue la corte, se fue el cortejo de paniaguados y proveedores, y entró en decadencia. Eso hizo que se estancara, como el agua muerta de sus canales. Brujas, la muerta, tituló el simbolista George Rodenbach una novela (1892) que era un callejero de sombras. La belga Marguerite Yourcenar agitó la agonía de la ciudad en su novela Opus nigrum, que llevó al cine otro belga, André Delvaux. El cine no ha desperdiciado el plató gratuito de una ciudad medieval intacta; lo último, un éxito de Bollywood, PK, estrenado el pasado año. Hoy, esta urbe de 117.000 vecinos se ha convertido en una de las citas imprescindibles de Europa gracias a su aire eterno y seductor y a nuevos reclamos como la Trienal de Arte y Arquitectura, que puede verse hasta octubre.


La Grote Markt o Plaza Mayor de Brujas, Bélgica

El Markt  es el ombligo exacto del óvalo antiguo, y allí, en el Palacio Provincial neogótico, está la oficina de información, donde conviene adquirir la City Card para ahorrarse un buen pico. Podemos empezar a gastarla allí mismo, en el Historium, un museo espectáculo que acaba de renovarse, mostrando el trajín de Brujas en el siglo XV a través del pintor Jan van Eyck. En la misma plaza, los 366 peldaños del Belfort o torre cívica permiten orientarse y contemplar el plano vivo de la ciudad. Tan animado como esta plaza (pero sin puestos de patatas fritas) es el vecino Burg, explanada en que se alinean la Antigua Escribanía, ribeteada en oro, el ayuntamiento del siglo XIV (las estatuillas de la fachada son modernas) y la basílica de la Santa Sangre, románica en la planta baja, neogótica en la superior. En este templo se venera una curiosa reliquia, la supuesta sangre de Cristo, traída en tiempos de las Cruzadas y que salvó de la furia calvinista el alcalde Juan de Maluenda cuando aquello era municipio español. En su honor se celebra la Procesión de la Santa Sangre, patrimonio de la humanidad. Por un arco se llega al Vismarkt o mercado del pescado (poco queda) y al rincón más fotografiado de Brujas, el romántico Rozenhoedkaai (muelle del Rosario), con lánguidos cisnes de atrezo.


Ciclistas por el canal que une Brujas con Damme. 

En ese tramo de canal, Dijver, se monta los fines de semana un rastrillo de antigüedades, justo enfrente del Colegio de Europa que fundara el español Salvador de Madariaga. Al lado está el museo estrella, el Groeninge, oculto tras un laberinto de patios; no solo cuelgan allí primitivos flamencos; también una muestra de arte belga hasta nuestros días. Patios más abiertos, pero igualmente románticos, enlazan el palacio-museo Gruuthuse, otro imprescindible, con la iglesia de Nuestra Señora, cuya torre de ladrillo supera al Belfort en más de treinta metros. La iglesia lleva tiempo en obras, pero permiten ver la célebre Madonna de Miguel Ángel, que solo salió de allí en dos ocasiones: robada por Napoleón y luego por los nazis; del episodio real de su rescate trata la película de George ClooneyMonuments Men. Al cruzar la calle se llega al Hospital de San Juan, un museo que conserva un aire quirúrgico, además de instrumental antiguo y una farmacia. En la sala principal se exhiben joyas flamencas; entre otras, un tríptico gigante de Hans Memling. Dentro del complejo se halla también Expo Picasso, con obras del artista. Una nueva madeja de patios lleva a la catedral de San Salvador , también en obras, donde pueden verse unas tumbas medievales pintadas por dentro.

A estas alturas, el cuerpo estará sediento, y la sed en Brujas tiene nombre de cerveza. Hay dos que solo elaboran aquí, la Straffe Hendrik y la Brugse Zot; esta última, en la cervecería De Halve Maan  (Walplein). Hay brouwerijen (fábricas) y bares que anuncian cervezas propias en los rincones más escondidos. Vale la pena repasar la vitrina con mil cervezas diferentes de 2Be Moodshopping , en Wollestraat 53. Si elegir barra es un dilema, escoger mesa es aún peor: Brujas concentra un número exagerado de estrellas, gorros y otros galones epicúreos. Dejando para la velada santuarios más onerosos, como De Karmeliet  (Langestraat 19) o De Jonkman ­(Maalse Stenweg 438), se puede optar por comedores que reúnan sabor, encanto y precios accesibles, como De Florentijnen  (Academiestraat 1), que tiene enfrente al tontorrón Frietmuseum (museo de las patatas fritas); Le Chef et Moi  (Dijver 13),Assiette Blanche (Philipstokstraat 23) o Zeno (Vlamingstraat 53). Patrick Devos (Zilverstraat 41) se presta más a una cena romántica.
16.00 Museo para endulzarse


Mapa de Brujas. 

Paseo es la palabra para descifrar Brujas, bien sea en calesa (salen del Markt), en bici (eléctrica o normal; alquiler por día: 60 o 10 euros, respectivamente) o en barco; esta es la manera ideal para dar con los rincones más íntimos de la ciudad, cuyo nombre en flamenco, Brugge, deriva de una raíz que significa embarcadero; el agua es su alma. Tampoco está mal pasear a pie y buscar puerta a puerta algunas de lasgodshuiten (casas de Dios), casi medio centenar, que los gremios mantenían como una suerte de seguridad social para sus ancianos. También tenían sesgo caritativo las escuelas de encaje evocadas en el reciente Kantcentrum (centro del encaje; Balstraat 16), con muchos guiños a España. Y, por supuesto, el Begijnhof  o Beguinaje, tal vez el espacio más melancólico y concurrido. Si se entiende que la caridad empieza por uno mismo, nada como perderse por alguna de las 50 boutiquesdel chocolate, otro vicio local que cuenta con museo propio, Choco-Story (Wijnzakstraat 2).
20.00 Luces y conciertos

El mayor espectáculo de Brujas llega al caer la oscuridad y encenderse los focos sobre torres, hastiales y puentes de la ciudad. Conciertos nunca faltan, en iglesias o museos, pero sobre todo en el Concertgebow , el auditorio proyectado por el estudio belga de arquitectura Robbrecht & Daem que dejó en herencia la capitalidad cultural europea celebrada en 2002 (tiene además un café con buen ambiente nocturno). Nada sin embargo como disfrutar de la paz y del silencio por las calles empedradas o en pequeños y deliciosos hoteles que más parecen hogares burgueses, y no paran de crecer; como Montanus  (Nieuwe Gentweg 76), Marcel  (Niklaas Desparsstraat 9) o Ter Reien (Langestraat 1). En ellos el sueño es, de nuevo, Brujas misma.

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